Ubicación de los Bizantinos

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Ubicación de los Bizantinos
Ubicación de los Bizantinos

El Imperio Bizantino por más de un milenio fue considerado como la parte oriental del Imperio Romano y fue fundado por el emperador Constantino I en el año 330 d.C. (Aunque fue instituido oficialmente en el año 395 d.C.) Fue ubicado en la antigua locación de Bizancio, una colonia de origen griego.

Tal y como su nombre indica, estaba ubicado en el mediterráneo oriental, por lo que tenía fácil acceso a los países asiáticos que estaban ubicados más hacia el oeste, aunque también mantuvo relación activa con su contraparte del este y otros países occidentales.

Constantinopla (la capital del Imperio) estaba situada en un punto clave entre el Mar Muerto y el Mar de Mármara, por lo que era obligatorio que los se trasladaban desde Europa hasta o Asia (o viceversa) por vía marítima o terrestre pasarán por ahí.

Durante su período de vida, esto la convirtió en una de las poblaciones más grande del mundo, debido a su alto nivel de comercialización y estabilidad económica. Lo que la convertía en un buen lugar para vivir.

Antigua Bizancio

La palabra “Bizantino” hace referencia a “Bizancio” la cual fue la locación original de lo que después se transformó en Constantinopla. Se trataba de una antigua colonia griega que, según la mitología, fue edificada por Bizas (de ahí su nombre), que era hijo de Ceróesa, que a su vez era hija del dios del Olimpo Zeus y la doncella Ío.

Originalmente estaba ubicada en el Bósforo, del lado correspondiente a Europa, zona que, como se mencionó anteriormente, fue un punto estratégico para el comercio y traslado de Europa a Asia menor.

Después de haber llegado los romanos, esta pasó a llamarse Constantinopla convirtiéndose así en la capital del imperio, desde su época temprana hasta su final.

Ubicación de los Bizantinos
Ubicación de los Bizantinos

División de ambos Imperios

Después la movilización de la capital (Roma) hacía Bizancio (ahora conocido como Constantinopla), el imperio romano empezó a decaer lentamente. Esto es debido a las complicaciones que resultaban de intentar gobernar el imperio desde dos locaciones tan lejanas como lo eran Roma y Constantinopla.

No fue sino hasta el año 395 d.C., tras la muerte del aquel entonces emperador Teodosio I, que el imperio se separó oficialmente en dos para poder facilitar su administración. Y fueron sus dos hijos quienes heredaron los mandos de ambas mitades: Arcadio como el emperador de oriente y Honorio el del occidente.

El Imperio romano oriental, pasó entonces a convertirse en el Imperio Bizantino, el cual gozó de mucha popularidad y prestigio por su poder adquisitivo y diversa cultura.

“Fallecimiento” del Imperio Romano

El Imperio Romano occidental cayó a manos de las tribus bárbaras en septiembre del año 476, esto provocó que se dividiera en diferentes entidades políticas que lo sucedieron.

Sin embargo, el Imperio Bizantino debido a su privilegiada ubicación en oriente, logró sobrevivir a la caída de su imperio vecino y continuó activo por casi 1.000 años más. Esto fue principalmente, porque debido a su distancia con Roma, a las tribus bárbaras se les dificulta llegar hasta él.

Pese a que en algún momento los bizantinos tuvieron deseos de reunificar ambos imperios de nuevo, esto nunca sucedió y más bien la separación se iba haciendo más evidente, por problemas de distintas índoles, como lo fueron los desacuerdos religiosos (el cual se podría decir que fue el motivo principal), étnicos, políticos, etc.

Comercio

Como se ha venido reiterando en múltiples ocasiones, la ubicación del Imperio Bizantino era clave y muy ventajosa. Al estar situado en el oriente del mediterráneo, era el puente necesario entre los países del este con los del oeste.

Esto provocó que la comercialización se convirtiera en uno de los principales motores de las ganancias económicas y lo que les ayudó a evitar los posibles inconvenientes económicos que pudieron haber empezado a tener.

Entre los países con los que establecieron más relación de importación/exportación de productos fueron: India, con sus distintas y exóticas especias y maderas finas, China, de dónde importaban la seda, de distintos países de África importaban perfumes, inciensos, mirra, etc.

Además, después de empezar a producir su propia seda, el comercio de los bizantinos creció estrepitosamente y llegó a ser de los más grandes del mundo, sustentado en su firme economía.

Ubicación de los Bizantinos
Ubicación de los Bizantinos

Rutas de comercio

Existieron 3 rutas principales en las que los productos que se importaban y exportaban podían ser trasladados desde la sede del Imperio bizantino hasta el destino deseado. Las cuales eran:

La ruta de la seda, era el nombre que recibía el trayecto más corto y que atravesaba Persia y Asia Central. Cómo su nombre lo indica, era la ruta utilizada para exportar la seda desde China hasta el resto de Asia, África y Europa.

La segunda, era mucho más engorrosa que la primera, ya que evitaba pasar por Persia y salía desde el Mar muerto hasta los distintos puertos situados en Crimea, luego Caspio, hasta finalmente llegar a Asia Central.

Y, por último, la tercera que empezaba desde Egipto por medio del Mar rojo y el océano índico y de ahí a Sri Lanka. Esta ruta hacía posible las exportaciones/importaciones con India y sus adyacencias.

Diferencias Culturales por la locación

No es motivo para sorprenderse que, debido a pertenecer originalmente a continentes diferentes, el imperio romano del occidente y el imperio bizantino presentaron algunas diferencias culturales bastante marcadas.

Mientras que la mitad occidental del imperio había perdido y aterrado parte de sus tradiciones europeas debido a la desintegración del mismo a manos de los bárbaros, los de Constantinopla tenían ciertas influencias asiáticas.

Aunque si hay algo que es cierto, es que no todas las diferencias se originaron a problemas étnicos y culturales, ya que también influyen otros aspectos externos. Un ejemplo de esto puede ser:

Cisma (separación de la iglesia de oriente y occidente)

En esta separación influyeron muchos factores externos políticos, económico y principalmente religiosos, como, por ejemplo, las relaciones que el papado estableció con otros gobiernos para el beneficio de la iglesia.

Sin embargo, es un hecho innegable que los asiáticos sentían cierto repudio hacia los europeos ya que consideraban que habían sido influenciados y contagiados por la rudeza e ignorancia de los bárbaros.